Mensaje de Navidad -Fr. Francesco
Patton OFM, Custodio de Tierra Santa.
21 Diciembre 2018.
Estamos
en Belén, en el Campo de los Pastores, el lugar donde, en la noche en la que
nació el Niño Jesús, los pastores velaban y cuidaban a su rebaño. El Evangelio
Lucas nos explica que, cuando María dio a luz a Jesús, fueron precisamente
estos pastores los primeros en recibir el anuncio de su nacimiento.
Un ángel
se les acercó, una gran luz los envolvió y ellos se asustaron. Pero el
mensajero de Dios los tranquiliza: “No tengáis miedo, porque os traigo una
buena noticia que será motivo de gran alegría para todos: Hoy os ha nacido en
el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Como señal,
encontraréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.” (Lc
2,10-12).
En aquella
noche de la primera Navidad las tinieblas en las que vivían los pastores y las
gentes de Belén fueron iluminadas por el nacimiento del Niño Jesús. Todavía hoy
necesitamos dejarnos iluminar por el nacimiento de este niño, que es el Hijo de
Dios y nuestro Salvador.
¡Cuántas
personas, todavía hoy, viven envueltas en tinieblas como los pastores que
velaban en este campo hace dos mil años!
Nuestros
hermanos y hermanas en Siria y Yemen, como en muchos otros países del mundo,
viven desde hace muchos años en las tinieblas de conflictos sangrientos, que
convierten a millones de personas en desplazadas, en refugiados desarraigados
de su propia familia y de su cultura, expulsados de su propia patria y, a menudo,
incapaces de encontrar acogida en una nueva tierra.
Muchos de
nuestros hermanos en humanidad viven en tinieblas causadas por las crisis
económicas y ecológicas, que doblegan a poblaciones enteras y, a menudo, les
obliga a emigrar. Y también para ellos se repite la experiencia de José, María
y del niño: No hay sitio para ellos en ningún lugar, como máximo bajo una
tienda.
Y los hay
que llevan las tinieblas dentro, unas tinieblas que a veces son fruto de haber
sufrido violencia; otras veces, en cambio, de elecciones equivocadas, otras
incluso de la incapacidad de aceptar alguna experiencia dolorosa de la vida.
Finalmente,
está la oscuridad del pecado, de la lejanía de Dios, de querer prescindir de Él
o de vivir como si Él no existiera. Tinieblas que se transforman pronto en
rechazo al hermano o hermana, a su derecho a existir, al reconocimiento de su
dignidad como persona, desde el primer instante de la concepción hasta el
último aliento que da el Creador. Tinieblas que unen a quienes viven en todo el
mundo. Tinieblas que están, al menos en parte, dentro de nosotros.
El niño
Jesús no ha venido a iluminar solamente la noche de los pastores aquí en Belén,
periferia de las periferias, hace dos mil años. El Niño Jesús continúa
iluminando la noche de cada uno de nosotros, y de toda la humanidad.
Que la luz
del Niño de Belén entre en la conciencia y la existencia de todos nosotros, en
nuestras familias y en nuestras comunidades; que Su luz ilumine a todos los
pueblos y a los fieles de toda religión que lo desean, que lo buscan a tientas.
Que Él
ilumine la conciencia de aquellos que gobiernan las naciones y la economía y
les ayude a descubrir que gobernar es cuidar a los más pequeños, a los más
frágiles, a los que no tienen protección.
Que el
Niño de Belén ilumine la acción de quienes hacen cultura y comunicación para
que difundan el mensaje del bien.
Feliz
Navidad desde el Campo de los Pastores junto a Belén.
Feliz Navidad desde el lugar del primer anuncio del nacimiento del Salvador.
Feliz Navidad desde el lugar en el que los ángeles cantaron: “Gloria a Dios en
el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Él ama”.
Feliz Navidad a cada uno de vosotros y vosotras, a vuestras familias y
comunidades.
Fr. Francesco Patton
OFM
Custodio de Tierra Santa
Custodio de Tierra Santa
(Fuente consultada: Franciscanos Custodios de Tierra Santa, con nuestro agradecimiento)
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