lunes, 3 de octubre de 2011

III. SALESIANOS DE DON BOSCO


Los Salesianos somos una congregación de religiosos pertenecientes a la Iglesia Católica, fundados por San Juan Bosco. Nuestro nombre oficial es Sociedad de San Francisco de Sales, pues Don Bosco, así nos referimos familiarmente a nuestro Fundador, eligió a este santo como modelo por su amabilidad y pasión evangelizadora. Comúnmente se nos conoce por Salesianos de Don Bosco (SDB) o simplemente Salesianos. Nuestra Congregación está formada por salesianos sacerdotes y salesianos laicos.
El artículo 2 de nuestras Constituciones dice: “Los salesianos de Don Bosco (SDB) formamos una comunidad de bautizados que, dóciles a la voz del Espíritu, nos proponemos realizar, en una forma específica de vida religiosa, el proyecto apostólico del Fundador: Ser en la Iglesia signos y portadores del amor de Dios a os jóvenes, especialmente a los más pobres. En el cumplimiento de esta misión encontramos el camino de nuestra santificación”. 
La historia de nuestra Congregación hay que situarla en un pueblecito del norte de Italia llamado Becchi.
Digamos que nuestra historia empezó con un sueño de Don Bosco a la edad de nueve años. O, si se quiere, podríamos fijar el origen de nuestra Sociedad en un inesperado encuentro, cara a cara, con un asustado pilluelo de la calle, en la sacristía de una iglesia, un ocho de diciembre de 1841.
Con todo, estos hechos históricos difícilmente pueden explicar nuestra existencia como una "familia" de unos 402.500 miembros extendidas por el mundo entero, al servicio de los jóvenes.
Con sentimientos de humilde gratitud, creemos que la Sociedad de San Francisco de Sales no es sólo fruto de una idea humana, sino de la iniciativa de Dios.
Const. SDB, 1
El Señor nos ha dado a Don Bosco como padre y maestro.
Lo estudiamos e imitamos admirando en él una espléndida armonía entre naturaleza y gracia. Profundamente humano y rico en las virtudes de su pueblo, estaba abierto a las realidades terrenas; profundamente hombre de Dios y lleno de los dones del Espíritu Santo, vivía como si viera al Invisible!
Ambos aspectos se fusionaron en un proyecto de vida fuertemente unitario: el servicio a los jóvenes. Lo realizó con firmeza y constancia, entre obstáculos y fatigas, con la sensibilidad de un corazón generoso: No dio un paso, ni pronunció palabra, ni acometió empresa que no tuviera por objeto la salvación de la juventud. Lo único que realmente le interesó fueron las almas.(Miguel Rua)(Const. Art. 21)

Nuestra misión, dentro de la Iglesia, es la educación y la evangelización de los jóvenes. El proyecto educativo pastoral que queremos realizar en todas nuestras obras está orientado a la promoción integral de la persona del joven y sus raíces son el humanismo cristiano.
Nuestras Constituciones lo expresan así: “Fieles a los compromisos heredados de Don Bosco, somos evangelizadores de los jóvenes; tenemos cuidado especial de las vocaciones apostólicas; somos educadores de la fe en ambientes populares, sobre todo con la comunicación social, y anunciamos el Evangelio a los pueblos que no creen” (Art. 6).
Extendidos por todo el mundo, trabajamos en 128 países, ejercemos nuestra acción en Centros Juveniles, Colegios, Escuelas de Formación Profesional, Parroquias, Centros de asistencia a marginados, Escuelas de Formación del Profesorado, Universidades, Residencias, Misiones, centros de comunicación social y otras presencias al servicio de la juventud.
Los Salesianos de Don Bosco somos unos 16.400 repartidos por los cinco continentes y distribuidos en 95 Inspectorías o Provincias religiosas.
De ellos, la obra de Don Bosco en España cuenta con unos 1.300 salesianos, sacerdotes y salesianos laicos, distribuidos en seis Inspectorías o Provincias Religiosas con sedes en: Barcelona, Bilbao, León, Madrid, Sevilla y Valencia,. Vivimos en comunidades, 155 en España, desde las que nos dedicamos a la educación y evangelización de los jóvenes, preferentemente de las clases populares.

San Juan Bosco fue un educador excepcional. Su inteligencia aguda, su sentido común y su profunda espiritualidad le llevaron a crear un sistema de educación capaz de desarrollar la persona en su totalidad – cuerpo, corazón, mente y espíritu. Valora en su justo punto el crecimiento y en la libertad mientras coloca al al joven en el centro mismo de toda la empresa educativa.
A fin de distinguir su método del sistema educativo de represión vigente en Italia en el siglo XIX, dio a su nuevo método el nombre de sistema “preventivo” – porque busca la manera de prevenir la necesidad del castigo poniendo al niño en un entorno en el cual se ve capaz de ser lo mejor que uno puede ser. Es una manera agradable, amable e integral de abordar la educación.
Crea un clima capaz de hacer salir de dentro (educere) lo mejor de cada niño, que le predispone a mostrarse claramente tal como es, que ayuda al joven en la adquisición de hábitos que le permitirán optar por todo lo que en la vida es bueno, saludable, alegre y prometedor.


SALESIANOS DE DON BOSCO
EN LA PALMA DEL CONDADO 

El proyecto de fundación de una Casa Salesiana en La Palma del Condado (Huelva) pasó por arduas pero apasionantes fases y gestiones, surgidas desde finales de los años cincuenta del siglo pasado.
Dos concretas y oportunas coyunturas favorecían la materialización de tan ilusionante proyecto.
Por una parte, resulta pertinente reseñar que en aquellas fechas había quedado disponible el amplio edificio palmerino del Grupo Escolar (antiguo Hospital de Jesús), propiedad del Ayuntamiento y situado en la calle Antonio Soldán, pues ya existía el decidido propósito oficial de construir de manera inmediata -en otros sectores de la población- dos pabellones escolares que lo sustituyesen. Se trataba de un notable edificio municipal levantado entre los años 1880 y 1886 y que, desde su misma apertura, había pasado por numerosas vicisitudes y por diversos destinos de aplicación social. Era entonces nuevo Alcalde de La Palma D. Manuel Díaz García, quien desde el primer momento se volcó en pro de la fundación salesiana.
Y, por otra parte, conviene reseñar que la Inspectoría Salesiana de Sevilla (regida, a la sazón, por D. José Ruiz Olmo) venía buscando con urgencia una nueva sede donde albergar a los jóvenes del Aspirantado, hasta ahora alojados de manera provisional en unas precarias instalaciones que no presentaban las más mínimas condiciones de habitabilidad. Estaban ubicadas junto a la ermita de Ntra. Sra. de la Consolación, en Utrera.
Además, a esta doble y básica coyuntura habría que añadir otras circunstancias favorecedoras del proyecto. No olvidemos, en este sentido, que ya entonces existía en La Palma un terreno bien abonado para la germinación de la semilla salesiana gracias sobre todo a la tradicional devoción en la localidad a María Auxiliadora, la Madre de los Salesianos, tanto en la parroquia (desde los años cuarenta) como en determinados hogares particulares (desde principios de siglo).
En esta línea, el primer Obispo de la joven Diócesis de Huelva (D. Pedro Cantero Cuadrado) ya desde el principio de su mandato venía abrigando la ilusión de extender pronto, en toda la provincia onubense, ese intenso movimiento salesiano que se respiraba en el ambiente. Igualmente la iglesia de La Palma (regentada por el veterano párroco D. Paulino Chaves Castaño) movió sus resortes para que la localidad acogiese lo antes posible a los Salesianos.
Tras varias e intensas semanas de preparativos y traslados de enseres, los Salesianos llegaban a La Palma -por fin- en la plomiza pero en el fondo radiante tarde del viernes 10 de noviembre de 1961.
La primera comunidad salesiana afincada en La Palma estaba constituida por ocho educadores. Cuatro de ellos eran sacerdotes: D. José Mª López Verdugo, D. Salvador Bermudo Jiménez, D. Ramón Menor Conde y D. Francisco Flores Fernández. Los otros cuatro eran asistentes: D. Antonio García Herrera, D. Rafael Pérez Romero, D. Diego Pérez García y D. Antonio Luque Castro.
Con ellos llegaron los internos del segundo curso del Aspirantado (algo más de cien jóvenes). En semanas posteriores, ya con las obras manifiestamente avanzadas, se incorporarían al Colegio los primeros externos y los aspirantes del primer curso.

La primera etapa de presencia salesiana en La Palma del Condado se prolongó durante un corto trimestre;· exactamente hasta finales de enero de 1962, es decir, cuando por fin terminaron (aunque no del todo) los trabajos de re-adaptación del Centro. Fue un lógico período de aclimatación, jalonado además por no pocas incomodidades· debidas sobre todo a las obras y a los temporales. Pero ello no fue óbice para que enseguida los Salesianos pusieran en funcionamiento su dinámica maquinaria educativa y formativa, compenetrándose muy pronto con el pueblo de La Palma y practicando en todos los ámbitos su siempre-alegre entusiasmo.
A partir de entonces, y con la ampliación del segundo patio en terrenos de viñas, comenzaba la segunda etapa del Colegio Salesiano ‘Santo Domingo Savio’. Extendida entre febrero de 1962 y mayo de 1963, iba a ser una fase singularmente intensa e interesante ya que se caracterizaría por la celebración de las primeras extraordinarias festividades salesianas en la localidad, por la inauguración de emblemáticos azulejos, por el arraigamiento del espíritu salesiano en La Palma y por la· creación de las principales células del Colegio:· los Antiguos Alumnos, el Oratorio Festivo y su hojilla informativa Siempre Alegres, la Archicofradía de María Auxiliadora, la Rondalla, los Cooperadores, la Banda de Cornetas y Tambores... Esta fase tendría su broche final en la rotulación de la calle del Colegio con el nombre de María Auxiliadora, simultánea a la nueva coronación de su imagen titular. Todo ello -y mucho más- arrancaría desde aquel apoteósico 10 de noviembre de 1961, gracias a la llegada física de los Salesianos a la ciudad. Como manifestase el primer Director del Colegio en la prensa local de la época, “en esa fecha se había comenzado a escribir una hermosa página en la historia de La Palma del Condado”.

31 de enero
San Juan Bosco


Los primeros años y finalmente sacerdocio
Juan Bosco nació en Castelnuovo d'Asti el 16 de agosto de 1815 en una familia de campesinos. Su padre, Francisco Bosco, murió cuando Juan tenía solamente dos años, y Margarita Occhiena se quedó sola criando a Antonio, José y Juan. Con una dulce firmeza y una fe infinita, Margarita, sabia educadora como lo era, convirtió su familia en una iglesia doméstica.
Desde niño, Juan empezó a sentir el deseo de ser sacerdote. Contó que a los nueve años había tenido un sueño que le reveló su misión: Una mujer resplandeciente como el sol le dijo “Hazte humilde, fuerte y robusto y lo que tú ves que les sucede a estos lobos que se convierten en corderos, tú lo harás por mis niños. Yo seré tu maestra. Con el tiempo tú comprenderás todo”. Siendo todavía un muchacho, Juan empezó juegos de destreza para sus amigos, aprendidos con gran esfuerzo y alternaba esto con su trabajo y su oración.
El anciano Padre Calosso lo inició en los estudios para el sacerdocio, estudios que le costaron esfuerzo, a tal punto que tuvo que dejar su hogar por la oposición de su hermano Antonio, quien quería que Juan trabajara en el campo.
Como seminarista en Chieri, tuvo la idea de la Sociedad de la alegria que reunía a jovenes de la ciudad. En junio de 1841 fue ordenado sacerdote. Su director espiritual, Padre Cafasso, le aconsejó que completara sus estudios en el Instituto Eclesiástico. Mientras tanto, Don Bosco reunió a los primeros chicos alrededor suyo y organizó un oratorio festivo, inicialmente itinerante, pero luego establé en Valdocco. Margarita, ya anciana, aceptó ir a Turín a ayudarlo, convirtiéndose en “Mamá Margarita” para los chicos.

Sistema preventivo
Don Bosco empezó por dar alojamiento a chicos sin hogar. Les enseñó un trabajo y a amar al Señor; cantaba, jugaba y rezaba con ellos. De los primeros chicos se originaron los primeros colaboradores. Se desarrolló así el famoso Sistema Preventivo. “Estad con los muchachos, prevenid el pecado por medio de la razón, la religión y el amor lleno de cariño. Convertíos en santos educadores de santos. Nuestros chicos deben darse cuenta que son amados”. Los primeros colaboradores, con el tiempo y también gracias a la ayuda del Papa Pió IX, se convirtieron en una Congregación dedicada a la salvación de los jóvenes, luchando contra todas las formas de pobreza y tomando como propio el lema: “Dadme almas, quitadme todo lo demás”.
El joven Domingo Savio es el primer fruto del Sistema Preventivo. María Auxiliadora, que siempre apoyó a Don Bosco en su obra, le obtuvo numerosísimas gracias, algunas hasta extraordinarias, así como también los fondos necesarios para sus empresas. Ella lo ayudó también a construir la Basílica que lleva su nombre.

Las Hijas de Maria Auxiliadora y Salesianos Cooperadores
Con la ayuda de santa María Dominga Mazzarello, él fundó el Instituto de Hijas de María Auxiliadora. Juntos con sus bienhechores y con laicos comprometidos, les dio vida a los Cooperadores Salesianos.
A los 72 años, el 31 de enero de 1888, Don Bosco murió, exhausto por el trabajo. Hoy los Salesianos se hallan en todo el mundo. Pio IX que lo había conocido lo beatificó en 1929 y lo canonizó en 1 de abril de 1934.

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