jueves, 9 de enero de 2020

LOS CONCILIOS ECUMÉNICOS DE LA IGLESIA


Todos sabemos que cuando el Papa quiere tomar una decisión que abarca a toda la cristiandad - proclamar un dogma, modificar la organización de la Iglesia o condenar una herejía -, puede convocar un Concilio.

Los obispos del mundo entero son llamados a Roma (o a la ciudad que el Pontífice haya escogido). Su presencia es obligatoria, salvo en caso de fuerza mayor. 

Los superiores de órdenes religiosas, los abades generales, los prelados nullius (es decir, que no tienen jurisdicción en una diócesis propiamente dicha) y los cardenales son admitidos a participar en el Concilio o Sínodo ecuménico. Tienen voz deliberativa.

Otras personalidades son admitidas a participar en los trabajos del Concilio, y tienen voz consultiva. Son los representantes de obispos ausentes, los príncipes católicos o sus embajadores y ciertos clérigos o laicos convocados a títulos diversos. A la apertura de los debates, todos los asistentes prestan juramento. Juran que permanecerán fieles a la Iglesia y a su jefe. El texto del juramento fue redactado por el papa Gregorio VII en el año 1709.
El Santo Padre decide los temas que serán discutidos por el Concilio. Tiene el poder de interrumpir la sesión o de trasladarla a una fecha ulterior. El trabajo está repartido en varias comisiones - las Congregaciones - antes de ser presentado a la discusión general.

En el reglamento mismo del Concilio se encuentra el ambiente de las asambleas de la Iglesia primitiva. Los votos son nominales y a la mayoría. Pero aunque el Papa reúna a su alrededor sólo una minoría, es siempre su punto de vista el que prevalece.

En los primeros Concilios, cuya convocación quedaba al cuidado de los emperadores, cada pregunta estaba sometida a la aprobación de los participantes, que respondían por "placet" (sí) y "non placet" (no). Cuando han recibido la aprobación del Sumo Pontífice, las conclusiones del Concilio son promulgadas por una Bula. 

La Iglesia en varias ocasiones, se ha visto obligada a reunir a sus hijos más preclaros, ya fuere por su dignidad o sabiduría, y enfrentarse a una oposición destructora en cuanto a la doctrina, a la moral o a la disciplina de la Institución. 

Esas asambleas reciben el nombre de Concilios, algunos de los cuales abarcan solamente una porción de la Iglesia como una Provincia Eclesiástica o bien la Iglesia de todo un país; y, los otros son los Ecuménicos = Universales, porque ya deliberan sobre asuntos que interesan a toda la Iglesia y al que asisten representantes de todas las latitudes. En estos casos el Sumo Pontífice asiste en persona y preside las sesiones o bien se hace representar por Legados.

Los Concilios Ecuménicos habidos hasta el presente ascienden a veintiuno. A continuación los menciono, siguiendo el orden del tiempo en que se realizaron, las circunstancias que los originaron y las definiciones conciliares que se decretaron…


















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(Pág. consultada, con nuestro agradecimiento : Catholic.net)

JOSÉ LAGARES BELLERÍN

viernes, 27 de diciembre de 2019

SANTO PADRE PIO DE PIETRELCINA: UNA LUZ QUE GUÍA NUESTRO CAMINAR

Cada 23 de septiembre, la iglesia conmemora a San Pío de Pietrelcina.


Nació en Pietrelcina, en un pequeño pueblo de la provincia de Benevento, en la región de Campania (Italia), el 25 de mayo de 1887. Desde la tierna edad Francesco experimentó en sí el deseo de consagrarse totalmente a Dios. Con el pasar del tiempo, pudo realizarse para Francesco lo que fue el más grande de sus sueños: consagrar totalmente la vida a Dios. El 6 de enero de 1903, a los dieciséis años, entró como clérigo en la orden de los Capuchinos. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento, el 10 de agosto de 1910. Estuvo en varios conventos por motivo de salud, luego, a partir del 4 de septiembre de 1916 llegó al convento de San Giovanni Rotondo, dónde se quedó hasta el 23 de septiembre de 1968, día de su sentida muerte.

En este largo período el Padre Pío iniciaba sus días despertándose por la noche, muy antes del alba, se dedicaba a la oración con gran fervor aprovechando la soledad y silencio de la noche. Visitaba diariamente por largas horas a Jesús Sacramentado, preparándose para la Santa Misa, y de allí siempre sacó las fuerzas necesarias, para su gran labor para con las almas, al acercarlas a Dios en el Sacramento Santo de la Confesión, confesaba por largas horas, hasta 14 horas diarias, y así salvó muchas almas.

Uno de los acontecimientos que señaló intensamente la vida del Padre Pío fue lo que se averiguó la mañana del 20 de septiembre de 1918, cuando, el Padre Pío tuvo el maravilloso regalo de los estigmas. Los estigmas o las heridas fueron visibles y quedaron abiertas, frescas y sangrantes, por medio siglo.


Por años, de cada parte del mundo, los fieles fueron a este sacerdote estigmatizado, para conseguir su potente intercesión cerca de Dios. Cincuenta años experimentados en la oración, en la humildad, en el sufrimiento y en el sacrificio, dónde para actuar su amor, el Padre Pío realizó dos iniciativas en dos direcciones: una vertical hacia Dios, con la fundación de los "Grupos de ruego", y la otra horizontal hacia los hermanos, con la construcción de un moderno hospital, "Casa Alivio del Sufrimiento."

En septiembre los 1968 millares de devotos e hijos espirituales del Padre Pío se reunieron en un congreso en San Giovanni Rotondo para conmemorar juntos el 50° aniversario de los estigmas aparecidos en el Padre Pío. Nadie habría imaginado que a las 2:30 de la madrugada del 23 de septiembre de 1968, sería el doloroso final de la vida terrena del Padre Pío de Pietrelcina, de este maravilloso fraile, escogido por Dios para derramar su Divina Misericordia de una manera tan especial.

El día 16 de junio del 2002, su Santidad San Juan Pablo II canonizó al Beato Padre Pío. Es el primer sacerdote canonizado que ha recibido los estigmas de nuestro Señor Jesucristo. El cuerpo incorrupto del Padre Pío puede verse en San Giovanni Rotondo (Italia).


ORACIÓN:
Bienaventurado Padre Pío, testigo de fe y de amor: Admiramos tu vida como fraile Capuchino, como sacerdote y como testigo fiel de Cristo. El dolor marcó tu vida y te llamamos "Un crucificado sin Cruz". El AMOR te llevó a preocuparte por los enfermos, a atraer a los pecadores, a vivir profundamente el misterio de la Eucaristía y del Perdón. Fuiste un poderoso intercesor ante Dios en tu vida, y sigues ahora en el cielo haciendo bien e intercediendo por nosotros.
Queremos contar siempre con tu ayuda. Ruega por nosotros. Lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

NOTA: El vídeo nos muestra la relación entre el Padre Pío de Pietrelcina y San Juan Pablo II.



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José Lagares Bellerín

martes, 17 de diciembre de 2019

UNA NUEVA NAVIDAD EN NUESTRAS VIDAS…


Ya está aquí la Navidad. Todos sabemos que la Navidad nos predispone a tener un corazón abierto y generoso, haciéndonos más humanos, porque el mismo Dios va a tomar nuestra naturaleza para elevarnos, por encima del pecado, a la gracia divina.
Esta idea, con parecidas palabras, apareció un día en el Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz y hoy nos hacemos eco de las mismas.

Efectivamente, una nueva Navidad llama a nuestras puertas. La Navidad es un don y es también una tarea. Es el don del renovado encuentro con Jesucristo el Salvador, con el misterio de la Encarnación. Y es la tarea de no “perder” la Navidad, la tarea de que la alocada espiral consumista y neopagana que nos envuelve no oculte en nuestros horizontes ni aleje de nuestras vidas la verdad, el corazón de la Navidad.
La Navidad es, ante todo, misterio de adoración y de gracia, que debe traducirse en oración gozosa y de alabanza, en intimidad espiritual y en encuentro con el Dios que nace. No hay Navidad sin oración, no hay Navidad sin participación en la Eucaristía. Al ser un encuentro con Jesucristo, Navidad es también un encuentro con el prójimo. Navidad es así tiempo de fraternidad y de caridad. Navidad es, en definitiva, PAZ. Esa paz que anhela tanto nuestros corazones.

El corazón de la Navidad es también la familia, la vida y la misión que Dios nos encomienda… Vivir la Navidad desde el don y la tarea de la familia, de la vida y de la misión que cada uno de nosotros tiene encomendada, contribuye a vivir la Navidad desde el corazón, desde su verdadero y único sentido.
Que así sea. En nombre de nuestra Parroquia y en el mío propio, les deseo a todas las familias palmerinas una Feliz y Cristiana Navidad para todos y para todas…
Que Dios nos bendiga siempre en unión de nuestras familias, nuestro mayor tesoro…


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José Lagares










sábado, 30 de noviembre de 2019

OCHO DE DICIEMBRE, FIESTA DE LA INMACULADA

Los palmerinos estamos inmersos, como cada año, en la celebración de la Novena a la Inmaculada Concepción de María, en nuestra querida Parroquia de San Juan Bautista, desde ayer día 29 de Noviembre. 

Para Mayor Gloria a Dios, exaltación de Su Santa Iglesia y bien de las almas, veneramos a la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María con esta Novena.
Hoy nos alegramos con toda la Iglesia por disfrutar de una fiesta muy especial de nuestra Madre, la Santíma Virgen María. Ya sabemos que Inmaculada significa preservada de toda mancha de pecado. Ese don tan grande lo tuvo María, porque es la Madre de aquel Niño, que es Dios, y por eso la llamamos Madre de Dios. También es nuestra madre espiritual. En estos día en que en muchos lugares celebramos el día de la madre, nosotros la saludamos y decimos:
“Ella, que fue Madre, oiga mi oración. Ave María. Lo más grande que podemos tener es la gracia de Dios. Así lo dice el evangelio  cuando el ángel, al saludar a María para darle el excelso mensaje, la llama: “llena de gracia”. La Biblia no menciona este Dogma de la Inmaculada, pero lo atestigua la Tradición. Tradición, con mayúsculas, es la que nos han transmitido los encargados por Jesucristo de predicar su palabra y velar por la fe, los apóstoles y sus sucesores.
Éste fue el sentir de la Iglesia Universal durante muchos siglos. Por fin el Papa, beato Pío IX, declaró el 8 de Diciembre de 1854, ser una verdad de Fe que todos los católicos debemos creer. El Papa, como toda la Tradición, se basaba en la Biblia. La lectura de la Biblia, en el capítulo 3 del Génesis, nos habla de la oposición total entre el Redentor, junto con una mujer, y el demonio. Esta mujer, siempre tenida como María, aplastará la serpiente, símbolo del mal.
También se basa en el saludo del Ángel a María: “Llena de gracia” no es sólo un título de esa mujer excelsa, sino que es la declaración de algo propio en su ser. Por eso nunca pudo estar bajo el pecado ni en el primer instante de su concepción.
A la Virgen María, los cantos y los poemas la han proclamado desde siempre hermosa más que a nadie, porque la mayor hermosura está en el alma y Ella está llena de gracia y de hermosura. Es humilde, sencilla y hermosa esta  madre que tiene en sus ojos la pureza. Ella es la flor más hermosa que nos ha dado la primavera.
Su alma es limpia y llena de gracia a rebosar y por ello la eligió Dios para ser la Madre del Salvador. Ella guardó en su ser al Hijo del Altísimo y supo decir sí a Dios: “Hágase en mí según tu palabra…” Y con su fe, engrandecía su alma al Creador. La pureza de María nos estimula a imitarla lo más posible, para seguirla hasta el Cielo. Nosotros también estamos destinados a poseer una cierta plenitud de gracia. Así nos lo dice san Pablo en: Ef 1, 3-5.11-12.
“Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.”
Signo de esta bendición de Dios es el que su madre sea Inmaculada. Es una señal que Dios nos ofrece para esperar cosas grandes; pero tenemos que aprender a ser “pequeños” como Ella. Este año celebramos la Inmaculada en el segundo domingo de Adviento. Este es un tiempo de preparación para la venida del Señor, la que tuvo lugar y revivimos en la Navidad, y para la venida que Dios quiere tener con nosotros en lo profundo del corazón.
Quien mejor recibió al Hijo de Dios en la Navidad fue la Madre. Ella estaba preparada para recibirle. Por eso creemos que desde su concepción estaba limpia de todo pecado y llena de todas las gracias.
Al comienzo del año litúrgico, en este tiempo de Adviento, María, concebida sin pecado, se nos presenta como modelo de esperanza y como tipo de la Iglesia. Ella, en la noche de la espera de Adviento, comenzó a resplandecer como una verdadera estrella de la mañana. En efecto, igual que esta estrella junto con la aurora precede la salida del sol, así María desde su concepción inmaculada ha precedido la venida del salvador, la salida del “sol de justicia” en la historia del género humano" (Redemptoris Mater, Juan Pablo II).
Y continúa diciendo el papa Juan Pablo II: “De Ella debemos aprender, por consiguiente, a prepararnos para la Navidad y para la segunda venida del Señor, al fin de los tiempos”. Ya el Papa Pablo VI, en su encíclica “Marialis cultus”, enseñaba que los fieles, al vivir con la liturgia el espíritu de Adviento, y al considerar el "inefable amor" con que la Virgen esperó al Hijo, "se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, vigilantes en la oración y jubilosos en la alabanza para salir al encuentro del Salvador que viene.“
María es hermosa porque lo es en lo más importante, que es la vida del alma. Jesús quiso limpiarla con su propia sangre antes de derramarla en la cruz. El maligno no pudo encontrar en ella algo manchado. Ser inmaculada no significa que haya pasado la vida sin trabajar o sin esforzarse. María estaba llena de gracia; pero continuamente debía acomodar ese estar llena de gracia en los diversos momentos, a veces muy dolorosos, de su vida.

Dios, que llenó a María de toda gracia desde el momento de su concepción, no la quiso privar del dolor, como al estar en la cruz acompañando a su hijo. Tampoco la privó de vivir como pobre, cumpliéndose en ella doblemente lo de: “Bienaventurados los pobres” y “Bienaventurados los pobres en el espíritu.”
De toda mancha y sombra original
tu hijo Dios te quiso preservar.
No te privó, María, del dolor,
de la pobreza y de trabajar.
De toda mancha y sombra original
tu hijo Dios te quiso preservar.
No te privó. María, del dolor,
de la pobreza y de trabajar.
Si quiso Dios hacer de ti un jardín,
pues decidió nacer de una mujer.
Él te eligió para sembrarse en ti
y florecer, María, florecer.

De toda mancha y sombra original
tu hijo Dios te quiso preservar.
No te privó. María, del dolor,
de la pobreza y de trabajar.
Amén.





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JOSÉ LAGARES BELLERÍN


miércoles, 20 de noviembre de 2019

EL ADVIENTO NOS PREPARA PARA CELEBRAR LA NAVIDAD


Ya falta poco tiempo para que podamos celebrar en familia la Navidad, con las decoraciones y la compra de regalos. Puede ser difícil, mantener el Adviento como un tiempo sagrado de preparación, y es posible que al llegar el día litúrgico de Navidad, nos sintamos agotados por el ruido, las luces y el materialismo de la cultura moderna.

El Adviento es el tiempo de preparación para celebrar la Navidad y comienza cuatro domingos antes de esta fiesta.  Además, marca el inicio del Nuevo Año Litúrgico católico y este 2019 empezará el domingo 1 de diciembre.
Adviento viene del latín “ad-venio”, que quiere decir “venir, llegar”. Comienza el domingo más cercano a la fiesta de San Andrés Apóstol (30 de Noviembre) y dura cuatro semanas.
El Adviento está dividido en dos partes:

Las primeras dos semanas sirven para meditar sobre la venida final del Señor, cuando ocurra el fin del mundo.

Las dos siguientes sirven para reflexionar concretamente sobre el nacimiento de Jesús y su irrupción en la historia del hombre en Navidad.




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JOSÉ LAGARES



viernes, 15 de noviembre de 2019

DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA 2019 - INFORME DE NUESTRA DIÓCESIS DE HUELVA


Con mucho gusto, nos hacemos eco de la información enviada por parte de nuestra Diócesis onubense a nuestra Parroquia de San Juan Bautista de La Palma del Condado y a  toda la provincia de Huelva.
“Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro” es el lema con el que la Iglesia celebrado el pasado domingo, 10 de noviembre, el Día de la Iglesia Diocesana. 
Con ocasión de este día, el Departamento de Sostenimiento de la Iglesia de nuestra Diócesis ha dado a conocer los datos del ámbito económico, así como aquellos que aluden a la fe: transmisión, celebración y testimonio, correspondientes al pasado año 2018.

Estas son las cifras de un año en el que todas las miradas se dirigen a los jóvenes, “el ahora de Dios”, tal y como define a este colectivo el Papa Francisco... 
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CARTA DE NUESTRO RVMO. SR. OBISPO DE HUELVA
“Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro”


Mis queridos hermanos y hermanas:
El Día de la Iglesia Diocesana vuelve a interpelarnos un año más para reavivar nuestro sentido de pertenencia al Pueblo de Dios, que comparte el alimento de la Palabra y de los sacramentos en la parroquia.
Acabamos de concluir el Plan Diocesano de Evangelización que, durante los últimos cuatro años, ha marcado los pasos de nuestra Iglesia diocesana, fortaleciendo el sentido de pertenencia y alentando a la tarea evangelizadora, que traspasa las paredes del templo. La formación, la iniciación cristiana o la caridad son experiencias que, sin duda, ayudan a estrechar lazos entre las familias que conforman nuestra gran familia diocesana.
Sin embargo, esta respuesta exige el sí personal para el bien de toda la comunidad parroquial: tu único sí, sumado al de otros, desde el que cada uno pone su don al servicio de todos. Tal y como se expresa en el lema de este año, “Somos una gran familia contigo. Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro”.
La parroquia, como la casa que acoge a toda la familia para celebrar como hermanos, incorporados a la vida de Cristo por el Bautismo, siente el compromiso y la alegría de acercarse este año especialmente a los jóvenes. Ellos son el presente y el futuro de la Iglesia y, para que así sea, debemos implicarnos todos, porque la alegría plena de la familia llega cuando completa se reúne en casa para celebrar.
El Papa Francisco en su exhortación apostólica postsinodal Christus Vivit, dedicada a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios, titula su tercer capítulo “Ustedes son el ahora de Dios”. Y lo explica: “no podemos decir sólo que los jóvenes son el futuro del mundo. Son el presente, lo están enriqueciendo con su aporte” (CV, 64).
Os recuerdo la llamada del plan diocesano recién clausurado a la evangelización, a “salir a las periferias”. Hoy contemplamos como muchos de nuestros jóvenes habitan esa “periferia existencial” en busca de sentido. 

El Santo Padre nos señala que “en algunos jóvenes reconocemos un deseo de Dios, aunque no tenga todos los contornos del Dios revelado. En otros podremos vislumbrar un sueño de fraternidad, que no es poco. En muchos habrá un deseo real de desarrollar las capacidades que hay en ellos para aportarle algo al mundo. En algunos vemos una sensibilidad artística especial, o una búsqueda de armonía con la naturaleza. 

En otros habrá quizás una gran necesidad de comunicación. En muchos de ellos encontraremos un profundo deseo de una vida diferente. Se trata de verdaderos puntos de partida, fibras interiores que esperan con apertura una palabra de estímulo, de luz y de aliento”.
Así, desde la formación, la catequesis, la celebración de los sacramentos, la liturgia o la caridad, todos tenemos una misión que refleje en medio del mundo nuestra vida en Cristo, colaborando con la parroquia, la casa de toda la familia. 

Sin ti no es posible. Contigo en la iniciación cristiana y en la formación de adultos; contigo en las celebraciones de la comunidad parroquial; contigo en el servicio a los últimos de esta sociedad, es posible un presente y un futuro que manifiesten el amor de Dios en Huelva, la alegría de una familia a la que todos quieran pertenecer.
Con afecto os bendigo,
+ José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva
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* (Pinchando sobre cada foto, la veremos a mayor tamaño)

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JOSÉ LAGARES BELLERÍN