miércoles, 13 de junio de 2018

13 DE JUNIO: SAN ANTONIO DE PADUA, DOCTOR DE LA IGLESIA

Celebramos hoy, día 13 de Junio, la Memoria de San Antonio, presbítero y doctor de la Iglesia, que, nacido en Portugal, primero fue canónigo regular y después entró en la Orden recién fundada de los Hermanos Menores, para propagar la fe entre los pueblos de África, pero se dedicó a predicar por Italia y Francia, donde atrajo a muchos a la verdadera Fe. Escribió sermones notables por su doctrina y estilo, y por mandato de San Francisco enseñó teología a los hermanos, hasta que en Padua descansó en el Señor en el año 1231.

San Francisco de Asís encontró al joven fraile San Antonio con ocasión del Capítulo General inaugurado en Pentecostés de 1221, lo llamaba confidencialmente “mi obispo”. San Antonio, cuyo nombre de pila era Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo, nació en Lisboa hacia el 1195. A Los quince años entró al colegio de Los canónigos regulares de San Agustín, y en sólo nueve meses profundizó tanto el estudio de la Sagrada Escritura que más tarde fue llamado por el Papa Gregorio IX “Arca del Testamento”. A la cultura teológica añadió la filosófica y la científica, muy viva por la influencia de la filosofía árabe. 

De esta vasta formación cultural dio muestras en los últimos años de vida predicando en Italia septentrional y en Francia. Aquí recibió el título de “guardián del Limosino” por la abundante doctrina en la lucha contra la herejía. En 1946 Pio XII lo declaró doctor de la Iglesia con el apelativo de “Doctor Evangelicus”.

Cinco franciscanos habían sido martirizados en Marruecos, a donde habían ido a evangelizar a los infieles. Fernando vio los cuerpos, que habían sido llevados a Portugal en 1220, y decidió seguir sus huellas: entró al convento de los frailes mendicantes de Coimbra, con el nombre de Antonio Olivares.

Durante el viaje de regreso de Marruecos, en donde no pudo estar sino pocos días a causa de su hidropesía, una tempestad empujó la embarcación hacia Las costas sicilianas. Estuvo algunos meses en Mesina, en el convento franciscano, y el superior de este convento lo llevó a Asís para el Capítulo General. Aquí San Antonio conoció a San Francisco de Asís. 

Lo mandaron a la provincia franciscana de Romaña en donde llevó vida de ermitaño en un convento cerca de Forli. Lo nombraron para el humilde oficio de cocinero y así vivió en la sombra hasta cuando sus superiores, dándose cuenta de sus extraordinarias cualidades de predicador, lo sacaron del yermo y lo enviaron al norte de Italia y a Francia a predicar en donde más se había difundido la herejía de Los albigenses.

Finalmente, San Antonio  fijó su residencia en el convento de la Arcella, a un kilómetro de Padua. De aquí iba a donde lo llamaban a predicar. En 1231, cuando su predicación tocó la cima de intensidad y se caracterizó por los contenidos sociales, San Antonio se agravó y del convento de Camposampiero lo llevaron a Padua sobre un furgón lleno de heno. Murió en Arcella el 13 de junio de 1231. “El Santo” por antonomasia, como lo llaman en Padua, fue canonizado en Pentecostés de 1232, es decir, al año siguiente de su muerte, por la gran popularidad que se había ampliado con el correr de los tiempos. 

Que este gran Santo que hizo de lo extraordinario lo ordinario nos ayude a ver la acción de Dios en nuestra vida.



NOTA: (Pinchando sobre las fotos se ven ampliadas).


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JOLABE




domingo, 3 de junio de 2018

CORPUS CHRISTI 2018 EN LA PALMA DEL CONDADO


"Te adoro Sagrada Hostia, Pan vivo y Alimento de los Ángeles.
Santísimo Sacramento seáis bendito y alabado y eternamente adorado, oh soberano Portento".

Celebramos hoy, en este primer Domingo del mes de Junio, la Solemnidad del Santísimo Corpus Christi. La Solemnidad que profesa nuestra Fe en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. En este día recordamos la institución de la Eucaristía que se llevó a cabo el Jueves Santo durante la Última y Santa Cena que Jesucristo celebró con sus Apóstoles, durante la cual, Jesús convirtió el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.
Es una Solemnidad muy importante porque la Eucaristía es el regalo más grande que Jesucristo, nuestro Dios y Señor, nos ha dado, movido por su querer quedarse con nosotros después de su admirable Ascensión a los Cielos.

DATOS HISTÓRICOS:

Dios se valió de Santa Juliana de Mont Cornillon para propiciar esta fiesta. La Santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue Madre Superiora de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Santa Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se intensificó por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta Solemnidad.

Ella le hizo conocer sus ideas a Roberto de Thorete, el entonces obispo de Liège, también al doctor dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente Papa con el nombre de Urbano IV. El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan debía escribir el oficio para esa ocasión.


El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con quien Santa Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora del Santísimo Sacramento, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

Urbano IV, siempre siendo admirador de esta fiesta, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santísima Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad del “Corpus Christi” en el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.

Este oficio fue compuesto por el doctor angélico Santo Tomás de Aquino por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado hasta por Protestantes que niegan la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar y que, pese a lo que ahora piensan algunos, es una aberración admitir a la Sagrada Comunión precisamente a aquellos que niegan el auténtico significado, valor y presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar.

Hoy en día y gracias a nuestros queridos políticos esta solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad y ya no se celebra en jueves. La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la difusión de esta fiesta. Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Y el Papa Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su observancia. 


El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable Sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.


La Palma del Condado vuelve a recuperar la custodia procesional para el Santísimo Sacramento, después de que los sucesos del 36 hicieran desaparecer la anterior, del siglo XIX. Se trata de una fastuosa obra en orfebrería labrada por el taller de Emilio Méndez de Pilas, siguiendo la inspiración del tabernáculo del Sagrario de la Parroquia de San Juan Bautista y la majestuosa custodia de la Catedral de Toledo. Todo ello ha sido posible gracias a la donación de José Pérez Ángel, un vecino de esta ciudad, con objeto de engrandecer el rico patrimonio de la Palma del Condado.

La custodia consta de tres cuerpos superpuestos y decrecientes en altura, en forma de templetes, sostenidos por esbeltas columnas pareadas. El cuerpo inferior, de mayores dimensiones, está destinado a albergar la custodia de mano con el Santísimo Sacramento, y muestra en su basamento la representación de las cuatro virtudes cardinales: Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza.

El cuerpo intermedio lo ocupa la imagen de San Juan Bautista, estando rematado por los cuatro Evangelistas. Por su parte, el cuerpo superior presenta la imagen de la Virgen Inmaculada, quedando toda la pieza coronada por la representación de la Fe triunfante.

La balaustrada inferior con molduras con motivos de uvas y espigas de trigo culminada por guirnaldas con borlones de oro, muestra diferentes cartelas donde se recogen distintos versos de una alabanza al Santísimo Sacramento en latín, quedando en el centro de cada frente una cartela en relieve con ángeles que portan el cáliz. Seis jarras y cuatro candeleros exornan toda esta custodia, que en su repujado lleva salpicado multitud de detalles inconográficos e icológicos eucarísticos en referencia a Jesús Sacramentado.


Enhorabuena por este estreno y mis deseos de que hoy con fe, piedad y devoción adoremos al Santísimo Sacramento del Altar en este día del Santísimo Corpus Christi en La Palma…


(Fuente consultada: Web la rebujina-Huelva)




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ALABADO SEA EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR

JOLABE



(Clicando sobre cada foto, se verá a tamaño real)

miércoles, 30 de mayo de 2018

CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN 2018 EN LA PARROQUIA DE LA PALMA DEL CONDADO


Detalle de nuestra Parroquia
En la tarde de ayer martes 29 de Mayo, más 120 personas, entre jóvenes y mayores, recibieron el sacramento de la Confirmación en nuestra Iglesia Parroquial de San Juan Bautista. Fue una ceremonia emotiva en la que los confirmandos recibieron el Sacramento de manos del Sr. Obispo de Huelva, Don José Vilaplana Blasco.
Confirmandos y Catequistas
Junto a sus familiares y amigos, el grupo  culminó un proceso que comenzó hace ya dos años. Iniciaron entonces un período de preparación, reflexión y aprendizaje, a través de encuentros semanales en los que han compartido su fe y sus dudas con sus catequistas. Por medio del Sacramento de la Confirmación, los cristianos reciben la venida del Espíritu Santo, que les impulsa a dar testimonio del Evangelio.
Unción con el Santo Crisma
Una bonita  homilía la que ha hecho nuestro Obispo, sencilla y directa, seguro que ha llegado los corazones de todos. Les ha dicho a los chicos y chicas que son unos valientes al presentarse ante Jesús para renovar sus promesas bautismales y confirmar su fe ante el Señor, porque seguro que Él les escucha. Les ha animado a dar testimonio de la verdad y a ser, por medio de las buenas obras, fermentos de santidad en el mundo.
Cristo del Presbiterio Parroquial
Después de la homilía han pasado a la Liturgia del Sacramento, que consta de tres momentos: primero han hecho la renovación de las promesas bautismales, después la imposición de manos  y por último, la unción con el Santo Crisma por parte del Sr. Obispo.
Enhorabuena a todos los que os habéis confirmado al igual que  a vuestros padres y padrinos. Deseamos que éste sea un nuevo paso en vuestra larga vida de fe. Dios les ha llamado, y así van a sentirse realizados  como personas y como verdaderos cristianos.
El Sr. Obispo

Queremos felicitar también a los catequistas  de nuestra Parroquia que, semana a semana, han ido dando la formación a estos jóvenes y mayores, iluminando sus vidas y fortaleciendo su fe. Un servicio gratuito  que a veces no sabemos valorar, la entrega de su tiempo y de su talento, compartiendo su vida y educando en la fe a los demás.

Felicitaciones para todos y que Dios les bendiga…



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JOLABE


La Palma del Condado, 29 de Mayo de 2018





miércoles, 23 de mayo de 2018

EL VALOR DEL SILENCIO EN LA MISA

EL CAMINO DE NUESTRA VIDA INTERIOR 

Allá por los años 70, me encantaba enormemente una canción titulada “El sonido del Silencio”, del dúo musical americano PAUL SIMON & ART GARFUNKEL. El propio Paul Simon  había revelado en una entrevista, de que él acostumbraba a ir a componer sus canciones a un pequeño cuarto de su casa porque estando allí encerrado en la "oscuridad", lograba mejor concentración, más imaginación y también mejores sonidos de su guitarra, etc. Hay personas que han encontrado un mensaje religioso en la lírica de esta canción pero a mí, lejos del significado literal de algunas de sus palabras me ha sugerido un mensaje de contenido social muy profundo e interesante.


Silencio… Palabra de moda, pero en realidad poco conocida y valorada. Para algunos, quizás muchos, algo extraño. Para otros, una experiencia profunda de vida. ¿Silencio? ¿Ruido?...


Está en juego nuestra esperanza. A veces, comprobamos que quedarnos en silencio con uno mismo es mucho más difícil de lo que, antes de intentarlo, habíamos sospechado.



Los Evangelios nos dicen que el silencio guarda la Palabra en el corazón… “María guardaba todas estas cosas en su corazón…” (Lc. 2, 19). “Hay fiestas muy ruidosas; nos vendría bien un poco de silencio, para oír la voz del AMOR”, nos dice el Santo Padre Francisco. En nuestra vida cotidiana el Silencio también es sinónimo de Atención, y todavía diría más, es “Atención Amorosa”, en palabras de San Juan de la Cruz. Y si nos ejercitamos en esta Atención Amorosa, se nos regalará entre otros muchos dones.

El silencio (callar y escuchar) es uno de los gestos simbólicos menos entendidos (y practicados) de nuestra liturgia. Recordarnos que “también, como parte de la celebración, ha de guardarse a su tiempo el silencio sagrado”. Escuchar es hacer propio lo que se proclama. No es algo pasivo. Es una actitud positiva, activa. Escuchar es algo más que oír. Es atender, ir asimilando que se oye, reconstruir interiormente el contenido del mensaje.

La comunidad cristiana es fundamentalmente una comunidad que escucha. Es la primera forma de fe y de oración, antes de decir palabras y entonar cantos. Y es la actitud más cristiana: escucha el que es humilde, el que reconoce que no lo sabe todo, que es “pobre” en la presencia de Dios y de los demás. Los autosuficientes y orgullosos no escuchan.

El cultivo del silencio en la acción litúrgica favorece la sacralidad del rito, su profundidad y su verdadera participación plena, consciente, activa, interior y fructuosa. Los momentos de silencio prescritos -es decir, obligatorios- que el Misal romano señala son: 

En el Acto penitencial de la Misa y tras el “Oremos” de la Oración Colecta, es un silencio de recogimiento. Entramos en lo interior para formular nuestra petición evitando dispersarnos, distraernos. En el acto penitencial, el recogimiento se vuelve una humilde súplica de perdón y de reconocimiento de la propia debilidad, para después, en común, pedir perdón al Señor. 

El “Oremos” de la oración colecta es una invitación para que, recogiéndonos, formulemos cada uno nuestra súplica personal al Señor, nuestras peticiones concretas, en el momento de celebrar la Santa Misa. La oración que el sacerdote pronuncia después de este silencio recoge o recolecta todas nuestras peticiones personales.

Un silencio de meditación, naturalmente breve para no desfigurar la naturaleza comunitaria de la liturgia y el ritmo mismo de la celebración es el Silencio después de la lectura o después de la Homilía. Aquí se medita lo escuchado, pasándolo al corazón y a la memoria, de manera que asimilemos cuanto la Palabra de Dios ha proclamado y se convierta en algo nuestro, se encarne en nuestro existir. En silencio ha de ser escuchada esta divina Palabra que desde los cielos sigue proclamando el Padre por cada uno de sus hijos.


Un silencio orante, de adoración y de acción de gracias, se produce tras la Comunión, es decir, tras la recepción del Cuerpo eucarístico del Señor. Es el momento personalísimo de encuentro con Cristo en el corazón, adorando su Presencia real, dándole gracias por su amor y misericordia, uniéndonos a Él para vivir en Él. Será, en proporción, un silencio que tampoco rompa el ritmo comunitario como una larguísima pausa, sino proporcionado, como el silencio después de la Homilía.

Por último, un Silencio de Preparación, aquel que debe reinar en la iglesia y que dispone a la persona a pasar del trasiego de la actividad a centrarse sólo en la Acción Sagrada, con el suficiente sosiego, paz e intención clara de glorificar al Señor… A partir de ahora, vamos a prestar más atención y a valorar la profundidad del SILENCIO  y de la MEDITACIÓN en la Eucaristía…

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JOLABE



lunes, 21 de mayo de 2018

PÁGINAS DE LA BIBLIA - ALGUNOS MONTES BÍBLICOS

Monte Ararat en Armenia

Cuando leemos el Libro Sagrado por excelencia, la Biblia, encontramos lugares que en ella se nos citan como sitios donde tuvieron lugar acontecimientos bíblicos de gran importancia para la Cristiandad.

Hoy voy a hablar de algunos de ellos, con su referencia y su cita Evangélica correspondiente:

01.- El Monte Ararat en Armenia, donde quedó varada el Arca de Noé (Gen, 8,4)
Monte Sinaí
02.- El Monte Sinaí, el de la zarza ardiendo (Ex. 3.1; 19,1) o el cubierto de humo (Ex. 19.8) y en el que Dios entrega a Moisés las Tablas de la Ley (Ex. 34,1)
03.- El Monte Horeb, donde Moisés (Ex. 33,18) y Elías (I Re 19,13) gozan de la visión de Dios
04.- Montes Abarim y Nebo. Final de la vida de Moisés (Dt. 32. 49; 34,1)
05.- El Monte Gélboe o Gilboa, donde ocurrió la muerte de Saúl y Jonatán (2 Sm. 1, 21)
Monte Horeb
06.- El Monte de Absalón, en el que éste muere y cuelga del pelo (2 Sm. 18, 17-18)
07.- El Monte Carmelo, con la visión de Elías (2 Re. 18.33)
08.- El Monte Sión (Simbólico), donde es coronado el Cordero (Ap. 14,1)
09.- Los Montes del Líbano, famosos por sus bellísimos cedros (Ecc.24, 17)
Montes Abarim y Nebo
10.- Los Montes de Judea, relacionados con la Visitación a la Virgen ((Lc. 1, 39)
11.- El Monte Garizin, al que se refiere la Samaritana (Jn. 4, 20)
12.- El Monte de la Tentación en Jericó, donde tienta el Diablo a Jesús (Mt. 4, 8)
13.- El Monte de las Bienaventuranzas, donde se dio el Sermón del Monte (Mt. 5, 3-12  y Lc. 6, 20-23)
Monte Gélboe o Gilboa
14.- El Monte Tabor, donde tuvo lugar la Transfiguración del Señor (Mc. 9,4 y Mt. 17,4)
15.- El Monte de los Olivos, lugar de su oración preagónica ((Mt. 26, 39)
16.- El Monte Gólgota o Calvario, donde Jesús fue crucificado (Jn. 19, 17)

(Fuente consultada: Revista Orar).

Monte de Absalón


Monte Sión
Montes de Judea
Monte Garizim
Monte de la Tentación
Monte de lss Bienaventuranzas
Monte Tabor
Monte de los Olivos
Monte Gólgota o Calvario
Monte Carmelo










Montes del Líbano


(NOTA: Pinchando sobre cada foto, se ve a tamaño mayor)

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JOLABE