sábado, 30 de noviembre de 2019

OCHO DE DICIEMBRE, FIESTA DE LA INMACULADA

Los palmerinos estamos inmersos, como cada año, en la celebración de la Novena a la Inmaculada Concepción de María, en nuestra querida Parroquia de San Juan Bautista, desde ayer día 29 de Noviembre. 

Para Mayor Gloria a Dios, exaltación de Su Santa Iglesia y bien de las almas, veneramos a la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María con esta Novena.
Hoy nos alegramos con toda la Iglesia por disfrutar de una fiesta muy especial de nuestra Madre, la Santíma Virgen María. Ya sabemos que Inmaculada significa preservada de toda mancha de pecado. Ese don tan grande lo tuvo María, porque es la Madre de aquel Niño, que es Dios, y por eso la llamamos Madre de Dios. También es nuestra madre espiritual. En estos día en que en muchos lugares celebramos el día de la madre, nosotros la saludamos y decimos:
“Ella, que fue Madre, oiga mi oración. Ave María. Lo más grande que podemos tener es la gracia de Dios. Así lo dice el evangelio  cuando el ángel, al saludar a María para darle el excelso mensaje, la llama: “llena de gracia”. La Biblia no menciona este Dogma de la Inmaculada, pero lo atestigua la Tradición. Tradición, con mayúsculas, es la que nos han transmitido los encargados por Jesucristo de predicar su palabra y velar por la fe, los apóstoles y sus sucesores.
Éste fue el sentir de la Iglesia Universal durante muchos siglos. Por fin el Papa, beato Pío IX, declaró el 8 de Diciembre de 1854, ser una verdad de Fe que todos los católicos debemos creer. El Papa, como toda la Tradición, se basaba en la Biblia. La lectura de la Biblia, en el capítulo 3 del Génesis, nos habla de la oposición total entre el Redentor, junto con una mujer, y el demonio. Esta mujer, siempre tenida como María, aplastará la serpiente, símbolo del mal.
También se basa en el saludo del Ángel a María: “Llena de gracia” no es sólo un título de esa mujer excelsa, sino que es la declaración de algo propio en su ser. Por eso nunca pudo estar bajo el pecado ni en el primer instante de su concepción.
A la Virgen María, los cantos y los poemas la han proclamado desde siempre hermosa más que a nadie, porque la mayor hermosura está en el alma y Ella está llena de gracia y de hermosura. Es humilde, sencilla y hermosa esta  madre que tiene en sus ojos la pureza. Ella es la flor más hermosa que nos ha dado la primavera.
Su alma es limpia y llena de gracia a rebosar y por ello la eligió Dios para ser la Madre del Salvador. Ella guardó en su ser al Hijo del Altísimo y supo decir sí a Dios: “Hágase en mí según tu palabra…” Y con su fe, engrandecía su alma al Creador. La pureza de María nos estimula a imitarla lo más posible, para seguirla hasta el Cielo. Nosotros también estamos destinados a poseer una cierta plenitud de gracia. Así nos lo dice san Pablo en: Ef 1, 3-5.11-12.
“Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.”
Signo de esta bendición de Dios es el que su madre sea Inmaculada. Es una señal que Dios nos ofrece para esperar cosas grandes; pero tenemos que aprender a ser “pequeños” como Ella. Este año celebramos la Inmaculada en el segundo domingo de Adviento. Este es un tiempo de preparación para la venida del Señor, la que tuvo lugar y revivimos en la Navidad, y para la venida que Dios quiere tener con nosotros en lo profundo del corazón.
Quien mejor recibió al Hijo de Dios en la Navidad fue la Madre. Ella estaba preparada para recibirle. Por eso creemos que desde su concepción estaba limpia de todo pecado y llena de todas las gracias.
Al comienzo del año litúrgico, en este tiempo de Adviento, María, concebida sin pecado, se nos presenta como modelo de esperanza y como tipo de la Iglesia. Ella, en la noche de la espera de Adviento, comenzó a resplandecer como una verdadera estrella de la mañana. En efecto, igual que esta estrella junto con la aurora precede la salida del sol, así María desde su concepción inmaculada ha precedido la venida del salvador, la salida del “sol de justicia” en la historia del género humano" (Redemptoris Mater, Juan Pablo II).
Y continúa diciendo el papa Juan Pablo II: “De Ella debemos aprender, por consiguiente, a prepararnos para la Navidad y para la segunda venida del Señor, al fin de los tiempos”. Ya el Papa Pablo VI, en su encíclica “Marialis cultus”, enseñaba que los fieles, al vivir con la liturgia el espíritu de Adviento, y al considerar el "inefable amor" con que la Virgen esperó al Hijo, "se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, vigilantes en la oración y jubilosos en la alabanza para salir al encuentro del Salvador que viene.“
María es hermosa porque lo es en lo más importante, que es la vida del alma. Jesús quiso limpiarla con su propia sangre antes de derramarla en la cruz. El maligno no pudo encontrar en ella algo manchado. Ser inmaculada no significa que haya pasado la vida sin trabajar o sin esforzarse. María estaba llena de gracia; pero continuamente debía acomodar ese estar llena de gracia en los diversos momentos, a veces muy dolorosos, de su vida.

Dios, que llenó a María de toda gracia desde el momento de su concepción, no la quiso privar del dolor, como al estar en la cruz acompañando a su hijo. Tampoco la privó de vivir como pobre, cumpliéndose en ella doblemente lo de: “Bienaventurados los pobres” y “Bienaventurados los pobres en el espíritu.”
De toda mancha y sombra original
tu hijo Dios te quiso preservar.
No te privó, María, del dolor,
de la pobreza y de trabajar.
De toda mancha y sombra original
tu hijo Dios te quiso preservar.
No te privó. María, del dolor,
de la pobreza y de trabajar.
Si quiso Dios hacer de ti un jardín,
pues decidió nacer de una mujer.
Él te eligió para sembrarse en ti
y florecer, María, florecer.

De toda mancha y sombra original
tu hijo Dios te quiso preservar.
No te privó. María, del dolor,
de la pobreza y de trabajar.
Amén.





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JOSÉ LAGARES BELLERÍN


miércoles, 20 de noviembre de 2019

EL ADVIENTO NOS PREPARA PARA CELEBRAR LA NAVIDAD


Ya falta poco tiempo para que podamos celebrar en familia la Navidad, con las decoraciones y la compra de regalos. Puede ser difícil, mantener el Adviento como un tiempo sagrado de preparación, y es posible que al llegar el día litúrgico de Navidad, nos sintamos agotados por el ruido, las luces y el materialismo de la cultura moderna.

El Adviento es el tiempo de preparación para celebrar la Navidad y comienza cuatro domingos antes de esta fiesta.  Además, marca el inicio del Nuevo Año Litúrgico católico y este 2019 empezará el domingo 1 de diciembre.
Adviento viene del latín “ad-venio”, que quiere decir “venir, llegar”. Comienza el domingo más cercano a la fiesta de San Andrés Apóstol (30 de Noviembre) y dura cuatro semanas.
El Adviento está dividido en dos partes:

Las primeras dos semanas sirven para meditar sobre la venida final del Señor, cuando ocurra el fin del mundo.

Las dos siguientes sirven para reflexionar concretamente sobre el nacimiento de Jesús y su irrupción en la historia del hombre en Navidad.




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JOSÉ LAGARES



viernes, 15 de noviembre de 2019

DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA 2019 - INFORME DE NUESTRA DIÓCESIS DE HUELVA


Con mucho gusto, nos hacemos eco de la información enviada por parte de nuestra Diócesis onubense a nuestra Parroquia de San Juan Bautista de La Palma del Condado y a  toda la provincia de Huelva.
“Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro” es el lema con el que la Iglesia celebrado el pasado domingo, 10 de noviembre, el Día de la Iglesia Diocesana. 
Con ocasión de este día, el Departamento de Sostenimiento de la Iglesia de nuestra Diócesis ha dado a conocer los datos del ámbito económico, así como aquellos que aluden a la fe: transmisión, celebración y testimonio, correspondientes al pasado año 2018.

Estas son las cifras de un año en el que todas las miradas se dirigen a los jóvenes, “el ahora de Dios”, tal y como define a este colectivo el Papa Francisco... 
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CARTA DE NUESTRO RVMO. SR. OBISPO DE HUELVA
“Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro”


Mis queridos hermanos y hermanas:
El Día de la Iglesia Diocesana vuelve a interpelarnos un año más para reavivar nuestro sentido de pertenencia al Pueblo de Dios, que comparte el alimento de la Palabra y de los sacramentos en la parroquia.
Acabamos de concluir el Plan Diocesano de Evangelización que, durante los últimos cuatro años, ha marcado los pasos de nuestra Iglesia diocesana, fortaleciendo el sentido de pertenencia y alentando a la tarea evangelizadora, que traspasa las paredes del templo. La formación, la iniciación cristiana o la caridad son experiencias que, sin duda, ayudan a estrechar lazos entre las familias que conforman nuestra gran familia diocesana.
Sin embargo, esta respuesta exige el sí personal para el bien de toda la comunidad parroquial: tu único sí, sumado al de otros, desde el que cada uno pone su don al servicio de todos. Tal y como se expresa en el lema de este año, “Somos una gran familia contigo. Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro”.
La parroquia, como la casa que acoge a toda la familia para celebrar como hermanos, incorporados a la vida de Cristo por el Bautismo, siente el compromiso y la alegría de acercarse este año especialmente a los jóvenes. Ellos son el presente y el futuro de la Iglesia y, para que así sea, debemos implicarnos todos, porque la alegría plena de la familia llega cuando completa se reúne en casa para celebrar.
El Papa Francisco en su exhortación apostólica postsinodal Christus Vivit, dedicada a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios, titula su tercer capítulo “Ustedes son el ahora de Dios”. Y lo explica: “no podemos decir sólo que los jóvenes son el futuro del mundo. Son el presente, lo están enriqueciendo con su aporte” (CV, 64).
Os recuerdo la llamada del plan diocesano recién clausurado a la evangelización, a “salir a las periferias”. Hoy contemplamos como muchos de nuestros jóvenes habitan esa “periferia existencial” en busca de sentido. 

El Santo Padre nos señala que “en algunos jóvenes reconocemos un deseo de Dios, aunque no tenga todos los contornos del Dios revelado. En otros podremos vislumbrar un sueño de fraternidad, que no es poco. En muchos habrá un deseo real de desarrollar las capacidades que hay en ellos para aportarle algo al mundo. En algunos vemos una sensibilidad artística especial, o una búsqueda de armonía con la naturaleza. 

En otros habrá quizás una gran necesidad de comunicación. En muchos de ellos encontraremos un profundo deseo de una vida diferente. Se trata de verdaderos puntos de partida, fibras interiores que esperan con apertura una palabra de estímulo, de luz y de aliento”.
Así, desde la formación, la catequesis, la celebración de los sacramentos, la liturgia o la caridad, todos tenemos una misión que refleje en medio del mundo nuestra vida en Cristo, colaborando con la parroquia, la casa de toda la familia. 

Sin ti no es posible. Contigo en la iniciación cristiana y en la formación de adultos; contigo en las celebraciones de la comunidad parroquial; contigo en el servicio a los últimos de esta sociedad, es posible un presente y un futuro que manifiesten el amor de Dios en Huelva, la alegría de una familia a la que todos quieran pertenecer.
Con afecto os bendigo,
+ José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva
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* (Pinchando sobre cada foto, la veremos a mayor tamaño)

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JOSÉ LAGARES BELLERÍN







miércoles, 13 de noviembre de 2019

MANOS UNIDAS EN EL 60 ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN


Manos Unidas –como sabemos- es una Asociación Pública de Fieles y la ONGD de la Iglesia Católica en España. Nacida dentro de la Iglesia, la Organización tiene también el deber de sensibilizar y de formar a los fieles sobre su compromiso cristiano con la dignidad de las personas creadas a imagen y semejanza de Dios. 

Nació en 1959 como una acción puntual cuando Mujeres de Acción Católica Española organizaron la primera Campaña contra el Hambre que finalmente se celebró en 1960.

La Campaña contra el Hambre fue lanzada por la FAO y tiene su origen en el Manifiesto de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) en 1955, en el que se decía: “Sabemos, y queremos que se sepa, que existen soluciones de vida, y que, si la conciencia mundial reacciona, dentro de algunas generaciones las fronteras del hambre habrán desaparecido…” Y concluía diciendo: “Declaramos la guerra al Hambre”.

Las Mujeres de Acción Católica Española respondieron a este llamamiento que denunciaba el “hambre de paz, de cultura y de Dios que padece gran parte de la humanidad”. Realizaron su primera Campaña contra el Hambre en 1960, a partir de la cual se ha ido configurando la actual “Manos Unidas”.

Desde 1960, y año a año, se fueron organizando ayunos y colectas para denunciar y luchar contra el hambre y, poco a poco, el importe que se recaudaba iba subiendo hasta que en 1970 la recaudación fue mayor de lo habitual. Pero fue ese año, sobre todo, cuando la organización de la campaña se consolidó ya que la Conferencia Episcopal Española acordó que se hiciera una colecta extraordinaria contra el hambre en el mundo en todas las parroquias de España (el segundo domingo de febrero), y que se convocara una jornada de ayuno voluntario el viernes anterior a dicho domingo.

En 1978 la Campaña contra el Hambre adquiere personalidad jurídica propia y pasa a denominarse “Manos Unidas - Comité Católico de la Campaña contra el Hambre en el Mundo”. Para ello, la Conferencia Episcopal Española aprueba la erección canónica de Manos Unidas y aparecen los primeros Estatutos. En 1979 hace su registro en el Ministerio de Justicia y, posteriormente, en el Registro de Entidades Religiosas.

En el transcurso de su historia, Manos Unidas ha pasado por diferentes etapas en cuanto a su ubicación jurídica, pero nunca ha dejado de ser una institución eclesial ni de tener la misma misión que en su origen: la lucha contra la pobreza y el hambre en el mundo. Los estatutos han sido revisados en 1981, 1993, 2000, 2003 hasta los actuales de 2012.

Desde el comienzo, las mujeres que inspiraron y pusieron en marcha la Campaña tuvieron claro la necesidad de incidir en las causas del hambre y de la miseria. Su propósito sigue siendo promover una cultura de la solidaridad; un solo mundo: una sola familia humana.

Seis décadas creyendo en la igualdad y en la dignidad de las personas. Con el lema «Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas» y con la mujer como protagonista, el pasado febrero se presentó en toda España la Campaña anual de Manos Unidas, enmarcada en un plan de trabajo trienal (2019-2021) dedicado a la defensa de los derechos humanos.

Desde su origen como «Campaña contra el Hambre», en 1959, Manos Unidas planteó que la ayuda a los países más pobres debía ir acompañada de procesos formativos en el nuestro que permitieran a la sociedad española hacerse consciente de la realidad del hambre, sus causas y sus consecuencias. Esta voluntad de ir a la raíz del problema desembocó en una tarea que, junto con la financiación de proyectos, es fundamental para la Organización: la educación para el desarrollo.

Manos Unidas entiende por educación para el desarrollo todas aquellas acciones encaminadas al cambio de valores, actitudes y comportamientos individuales y colectivos y al cambio de estructuras —que están permitiendo la existencia del hambre en el mundo—, con el fin de construir un mundo más justo y una sociedad más solidaria.

Siendo solidarios, todos tenemos la oportunidad de transformar la vida de futuras generaciones…



* (Pinchando sobre cada imágen, se ven a tamaño normal)



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         JOSÉ LAGARES


martes, 12 de noviembre de 2019

LAS TÉMPORAS EN LA LITURGIA DE LA IGLESIA


Muchas veces hemos oído hablar de “Las Témporas” dentro de la Liturgia de la Iglesia. No obstante, no sabíamos muy bien ni concretamente qué eran.

Vamos a tratar de poner en claro qué son Las Témporas de la Iglesia:
“Las Témporas -dice el Misal- son días de acción de gracias y de petición que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual”. La celebración ha sido fijada en España para el día 5 de octubre, pues su localización en el calendario e incluso su duración dependen de las Conferencias Episcopales de cada país, dada la disparidad de las estaciones.

Nos estamos quejando de la sequía, aquí, en otros lugares de inundaciones, en otros de huracanes y catástrofes en transportes aéreos, etc. Nos urge, pues la oración, la invocación a la protección de los Santos con sus letanías.

Pero, ¿por qué no acudimos a Dios para que libre a la humanidad de tanta calamidad? El día de las Témporas es un día propicio para esta oración colectiva. Y esto es lo que se propone esta publicación. Hacer ver la importancia de este día y de esta plegaria.

Las Témporas, y las Rogativas, son una antiquísima institución litúrgica vinculada a las cuatro estaciones del año, para reunir a la comunidad, instando al ayuno y a la oración, para dar gracias a Dios por los frutos de la tierra y pedir su bendición sobre el trabajo de los hombres. Nacieron en Roma y se difundieron con la liturgia romana. Al principio se celebraban en otoño, invierno y verano, en los meses de septiembre, diciembre y junio. Por los sermones de San León Magno se conoce el significado de estas jornadas penitenciales.


Léxicamente la palabra “témpora” significa tiempo de ayuno en cada una de las estaciones del año. Litúrgicamente en la ordenación anterior a la reforma del Vaticano II se celebraban las témporas correspondientes al inicio del invierno, de la primavera, del verano y del invierno. Era el tiempo designado también, junto con las plegarias, rogativas y ayuno, para conferir las Órdenes sagradas.

En la actual ordenación la iglesia celebra una sola vez al año el día de la acción de gracias. Es un día al final del verano en el que agradece los frutos de las cosechas, aunque no se puede limitar este gesto elemental a un día determinado. En cada día y en cada momento hay motivos para dar gracias a Dios por el don de la vida.


Las Témporas son un acercamiento mutuo de la liturgia y la vida humana, en el afán de encontrar en Dios la fuente de todo don y la santificación de la tarea de los hombres.

Se calculan las témporas del siguiente modo:

·         Témporas de Primavera (o Primeras): Son el miércoles, viernes y sábado de la segunda semana de Cuaresma.

·         Témporas de Verano (o Segundas): Son el miércoles, viernes y sábado de la primera semana después de Pentecostés.


·         Témporas de Otoño (o Terceras): Son el miércoles, viernes y sábado siguientes al 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz. Si este día cae en miércoles, entonces las témporas serán el miércoles, viernes y sábado de la semana siguiente.


·         Témporas de Invierno (o Cuartas): Son el miércoles, viernes y sábado siguientes al 13 de diciembre, día de Santa Lucía. Si este día cae en miércoles, entonces las témporas serán el miércoles, viernes y sábado de la semana siguiente.

Ya sabemos algo más sobre este tema que tanto intriga a los fieles de la Iglesia Católica, sobre todo en los tiempos actuales de pertinaz sequía…

             
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JOSÉ LAGARES



jueves, 7 de noviembre de 2019

PADRE NUESTRO = PADRE DE TODOS LOS PUEBLOS



PADRE NUESTRO = PADRE DE TODOS LOS PUEBLOS

PADRE NUESTRO --à
De todos y de todas. Abbá es el nombre entrañable que tu Espíritu susurra en nuestros corazones. Tú sostienes la vida de todos, la acoges, la besas, Nos bendices. Eres nuestro, de todos los pueblos de la tierra. Con toda la creación te decimos, confiadamente: Abbá – Padre.

QUE ESTÁS EN EL CIELO -------------------à
Y acompañas, te compadeces y levantas al que lo necesita. La distancia tan grande que hay entre el cielo y la tierra la ha acortado tu AMOR. Te has hecho a nuestra medida. Con tu amor engrandeces nuestra nada.

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE ---------------à
Porque eres bueno, santo, misericordioso y justo. Te alabamos y te bendecimos, con toda la creación. Nos unimos a los pueblos para alabarte y bendecirte. Tu nombre nos sabe a bendición. Tu grandeza es nuestra grandeza, tu gloria la de todos.

VENGA A NOSOTROS TU REINO --------------à
Ese reino de PAZ, de JUSTICIA, de IGUALDAD y de RECONCILIACIÓN que alcanza a todas las naciones y que será una realidad cumplida en el futuro. Hazlo ahora presente, en nuestra experiencia cotidiana.

HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO -------------------à
Tú quieres para nosotros y en nosotros lo mejor. Ojalá que reconozcamos al Universo entero habitado por ti y contemplemos tu huella amorosa en cada persona, en la Naturaleza, en cada circunstancia. Tu voluntad es nuestra alegría. Aquí nos tienes, como María, con la vida abierta y ofrecida, para que tu Espíritu continúe obrando las maravillas que hizo tu Hijo Jesús.

DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA --------------à
El material y el espiritual. El que nos alimenta y el que nos hace colaborar contigo en la construcción de la nueva humanidad que Tú has soñado. Somos mendigos de tu pan, Y pedimos tu pan para hoy, sólo para hoy, para no acumular los panes que Tú nos das para todos. Sólo el pan nuestro y compartido, es pan tuyo.

PERDONA NUESTRAS OFENSAS, COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN -------------------------------à
Porque entendemos nuestra situación de pecadores, estamos dispuestos a perdonar a los demás. Porque sólo cuando Tú nos curas con tu mirada de misericordia, podemos nosotros curar con la mirada. Enséñanos a minimizar agravios y a cultivar el espacio donde florece el perdón mutuo y la reconciliación entre los pueblos, culturas y religiones.

NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN ---------------------------------à
Aquella que nos despersonaliza y nos aleja de nosotros mismos, de los demás y de Ti. Sabemos que llevamos el tesoro de tu AMOR en vasijas de barro. No permitas que nos quedemos en terreno de nadie, con un corazón vacío de presencias.

Y LÍBRAMOS DEL MAL ----------------------à
Del Malo, que nos hace perder nuestra condición de hijos y de hermanos. TÚ, Padre, conoces nuestra inclinación al mal, pero tu AMOR es más fuerte que todos los males. Contigo hay esperanza para nuestro mundo. ¿Quién nos podrá separar de tu AMOR?

AMÉN --------------------à
Nos abandonamos confiadamente en tus brazos, como un niño en el regazo de su madre. Nuestro Amén es el sí gozoso y constante que te decimos, en tu Hijo Jesús y en tu Espíritu, a ti, Padre, a tu proyecto de AMOR sobre todo lo creado. Amén. Aleluya.






(Pág. consultada: Revista ORAR, Pilar Casado Santamaría, SSCJ – Hermana Salesiana del Sagrado Corazón de Jesús, con nuestro agradecimiento).


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JOSÉ LAGARES BELLERÍN

viernes, 1 de noviembre de 2019

2 NOVIEMBRE, CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS


La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna.

Veamos un poco de historia. La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos. Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación.

Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios. A estas oraciones se les llama sufragios. El mejor sufragio es ofrecer la Santa Misa por los difuntos. Debido a las numerosas actividades de la vida diaria, las personas muchas veces no tienen tiempo ni de atender a los que viven con ellos, y es muy fácil que se olviden de lo provechoso que puede ser la oración por los fieles difuntos.

Debido a esto, la Iglesia ha querido instituir un día, el 2 de noviembre, que se dedique especialmente a la oración por aquellas almas que han dejado la tierra y aún no llegan al cielo. La Iglesia recomienda la oración en favor de los difuntos y también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para ayudarlos a hacer más corto el periodo de página de purificación y puedan llegar a ver a Dios. "No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos".

Nuestra oración por los difuntos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión a nuestro favor. Los que ya están en el cielo interceden por los que están en la tierra para que tengan la gracia de ser fieles a Dios y alcanzar la vida eterna. Para aumentar las ventajas de esta fiesta litúrgica, la Iglesia ha establecido que si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo por las intenciones del Papa entre el 1 y el 8 de noviembre, “podemos ayudarles obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados” (CEC 1479).

La Iglesia ha querido instituir un día que se dedique especialmente a orar por aquellas almas que han dejado la tierra y aún no llegan al cielo. Los vivos podemos ofrecer obras de penitencia, oraciones, limosnas e indulgencias para que los difuntos alcancen la salvación. La Iglesia ha establecido que si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo entre el 1 y el 8 de noviembre, podemos abreviar el estado de purificación en el purgatorio.

Pidamos a Jesús y a su Santísima Madre por todas las almas del purgatorio, y sobre todo por las de nuestros padres, parientes, benefactores, amigos y enemigos, y también por aquellas almas que no tengan a nadie que rece por ellas. 

(Pág. consultada: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net).




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JOSÉ LAGARES BELLERÍN