martes, 8 de marzo de 2016

PADRE NUESTRO VI - PERDONA NUESTRAS OFENSAS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS

Nueva entrega del Padre Nuestro - la Oración del Señor-

La quinta petición del Padrenuestro presupone un mundo en el que existen ofensas: ofensas entre los hombres, ofensas a Dios. Toda ofensa entre los hombres encierra de algún modo una vulneración de la verdad y del amor y así se opone a Dios, que es la Verdad y el Amor. La superación de la culpa es una cuestión central de toda existencia humana; la historia de las religiones gira en torno a ella. La ofensa provoca represalia; se forma así una cadena de agravios en la que el mal de la culpa crece de continuo y se hace cada vez más difícil superar. Con esta petición el Señor nos dice: la ofensa sólo se puede superar mediante el perdón, no a través de la venganza. Dios es un Dios que perdona porque ama a sus criaturas; pero el perdón sólo puede penetrar, sólo puede ser efectivo, en quien a su vez perdona.

jueves, 3 de marzo de 2016

PADRE NUESTRO V - DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA

Publicamos una nueva entrega de la Oración del Señor, el Padre Nuestro.

La cuarta petición del Padrenuestro nos parece la más «humana» de todas: el Señor, que orienta nuestra mirada hacia lo esencial, a lo «único necesario», sabe también de nuestras necesidades terrenales y las tiene en cuenta. Él, que dice a sus Apóstoles: «No estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer» (Mt 6, 25), nos invita no obstante a pedir nuestra comida y a transmitir a Dios esta preocupación nuestra. El pan es «fruto de la tierra y del trabajo del hombre», pero la tierra no da fruto si no recibe desde arriba el sol y la lluvia. Esta combinación de las fuerzas cósmicas que escapa de nuestras manos se contrapone a la tentación de nuestro orgullo, de pensar que podemos darnos la vida por nosotros mismos o sólo con nuestras fuerzas. Este orgullo nos hace violentos y fríos. Termina por destruir la tierra; no puede ser de otro modo, pues contrasta con la verdad, es decir, que los seres humanos estamos llamados a superarnos y que sólo abriéndonos a Dios nos hacemos grandes y libres, llegamos a ser nosotros mismos. Podemos y debemos pedir. Ya lo sabemos: si los padres terrenales dan cosas buenas a los hijos cuando las piden, Dios no nos va a negar los bienes que sólo Él puede dar (cf. Lc 11, 9-13).

martes, 1 de marzo de 2016

POSTURAS CORPORALES EN LA SANTA MISA


“La postura corporal es un signo de la unidad de los  miembros de la comunidad cristiana congregados para celebrar la sagrada Liturgia, ya que expresa y fomenta al mismo tiempo la unanimidad de todos los participantes” (cf. Ordenación General del Misal Romano).

1.- UNIDOS PARA ALABAR AL SEÑOR

Cuando celebramos la Misa, no somos un conjunto de individuos aislados, sino un cuerpo unido que alaba y honra a su Dios; por ello hemos de poner interés en hacer los mismos gestos y decir las mismas palabras de forma simultánea. Es la manera de expresar que tenemos un mismo corazón y una misma alma que quiere elevarse a Dios.
Es importante esforzarnos por vivir la unidad en estos pequeños detalles, porque es un modo concreto de mostrar la unidad del Cuerpo de Cristo en cada celebración.

2.- SIGNIFICADO DE LAS POSTURAS

EN PIE. Es la forma de mostrar nuestra pronta disposición al Señor que nos convoca.

SENTADOS. Es la postura que favorece la escucha y la meditación. Es la actitud del discípulo ante el maestro.

DE RODILLAS. Es muy expresiva de algunas actitudes interiores:

-             Indica humildad ante la presencia de Dios.
-             Muestra explícitamente la adoración interior.
-             Expresa la súplica de la Iglesia que pide el Espíritu Santo.

3.- ¿CUÁNDO SE HACE CADA GESTO?

En pie:
Es la postura primordial en la Misa. Nos ponemos en pie:

-  Al recibir al sacerdote (que hace presente a Cristo Cabeza de la Iglesia).
-    En el cántico del Aleluya antes del Evangelio.
-     En la aclamación a la invitación a la oración: “Orad hermanos para que este sacrificio…”
-          Al concluir la consagración.
-     Cuando se levanta el sacerdote para invitarnos a orar tras la comunión. Así permanecemos hasta que termina la Misa (una vez que se ha retirado el sacerdote).

Sentados:
-       Durante las lecturas que preceden al Evangelio.
-       Durante la homilía.
-       Mientras se preparan los dones en el ofertorio.
-       En los silencios sagrados (tras la homilía y tras la comunión).

De rodillas:
-      Nos debemos arrodillar desde la epíclesis (invocación al Espíritu Santo señalada por la imposición de manos del sacerdote sobre el pan y el vino) hasta el final de la consagración (tras la genuflexión del sacerdote).

Sólo un problema físico (razones de enfermedad, estrechez del lugar, aglomeración de los participantes…) puede justificar no arrodillarse en la consagración. Y los que no pudieran hacerlo son invitados a hacer una profunda inclinación mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración.

4.- OTROS GESTOS

En la Misa hay otros gestos, que deben ser realizados con sobriedad:

-      Gesto de la paz: Mediante el mismo tratamos de comunicar la paz que recibimos de Cristo, como don de Dios. No hay que empeñarse en dar la paz al mayor número posible de personas, y no debe distraernos de la comunión que estamos a punto de recibir.
-      Procesión de comunión: De manera ordenada acudimos cantando o en silencio al encuentro del Señor, que se nos da como alimento. Es aconsejable regresar al propio asiento por un camino distinto del utilizado para acercarse al Altar.

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JOLABE


PADRE NUESTRO IV - HÁGASE TU VOLUNTAD

Esta es una nueva entrega del estudio de la Oración del Señor: el Padre Nuestro.

"Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo". En las palabras de esta nueva petición aparecen inmediatamente claras dos cosas: existe una voluntad de Dios con nosotros y para nosotros que debe convertirse en el criterio de nuestro querer y de nuestro ser. Y también: la característica del «cielo» es que allí se cumple indefectiblemente la voluntad de Dios o, con otras palabras, que allí donde se cumple la voluntad de Dios, está el cielo. La esencia del cielo es ser una sola cosa con la voluntad de Dios, la unión entre voluntad y verdad. La tierra se convierte en «cielo» si y en la medida en que en ella se cumple la voluntad de Dios, mientras que es solamente «tierra», polo opuesto del cielo, si y en la medida en que se sustrae a la voluntad de Dios. Por eso pedimos que las cosas vayan en la tierra como van en el cielo, que la tierra se convierta en «cielo».

Pero, ¿qué significa «voluntad de Dios»? ¿Cómo la reconocemos? ¿Cómo podemos cumplirla? Las Sagradas Escrituras parten del presupuesto de que el hombre, en lo más íntimo, conoce la voluntad de Dios, que hay una comunión de saber con Dios profundamente inscrita en nosotros, que llamamos conciencia (cf. p. ej., Rm 2, 15).

domingo, 28 de febrero de 2016

24 HORAS PARA EL SEÑOR

El jubileo extraordinario que estamos celebrando necesita también sus tiempos, los tiempos de la misericordia. La Bula de convocatoria Misericordiae vultus contiene una abundante programación pastoral y también ofrece fechas en las que el año jubilar se irá realizando.
La Cuaresma en que nos encontramos se marca como momento cumbre de Misericordia. Parece que en el pensamiento del Papa Francisco este tiempo litúrgico es como el corazón y culmen del tiempo jubilar. “¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura, escribe, pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordiosos del Padre!” (n. 17).
Nos propone, también, y nos marca las fechas de dedicar “24 horas para el Señor”, durante el viernes y sábado que anteceden al IV domingo de Cuaresma, días 4 y 5 de marzo.

sábado, 27 de febrero de 2016

INTERESANTE DIÁLOGO ENTRE HERMANOS

En el vientre de una madre hay dos bebés. Uno le dice al otro:

- ¿Tú crees en la vida después del parto?

A lo que responde el otro:

- Claro que sí. Tiene que haber algo después del parto. Tal vez estamos aquí para prepararnos para lo que más tarde vendrá.

- Tonterías - dice el primero -, no hay vida alguna después del  parto. ¿Qué clase de vida sería esa?

El segundo dice:

- No lo sé, pero habrá más luz de la que  hay aquí. Tal vez luego  podamos caminar con nuestras propias piernas  y comer con nuestras bocas. A lo mejor tendremos otros sentidos, que no podemos entender ahora.

El primero contesta:

- Eso que dices es absurdo. Caminar es imposible y… ¿comer con la boca, dices?. El cordón umbilical nos nutre y nos da  todo lo que necesitamos. El cordón umbilical es demasiado corto. La vida después del parto es imposible.

Pero el segundo bebé insiste:

- Bueno, yo pienso que hay algo y que tal vez  sea diferente  de lo que hay aquí. Entonces ya no necesitaremos de este tubo físico.

El escéptico primero contesta:

- ¡Tonterías! Además, si hubiese realmente vida después del parto, ¿por qué nadie jamás regresó de allí? El parto es el fin de la vida y en el postparto no hay nada más que lo oscuro, el silencio y el olvido.

- Bueno, eso no lo sé - contesta el segundo -, pero con seguridad nos encontraremos con Mamá y ella nos cuidará.

- Mamá - contesta el primero -, Mamá... ¿ tú crees realmente en ella? Eso es ridículo. Si mamá existe, ¿dónde está ahora?

Le contesta el segundo y dice:

- Ella está a nuestro alrededor. Estamos rodeados por ella. Nosotros somos de ella. Es en ella donde vivimos. Sin ella este mundo no podría existir.

Dice entonces el primero:

- Bueno, yo no puedo verla, luego lo lógico es que no exista.

El segundo responde:

- A veces, cuando estás en silencio, si te concentras y  realmente  escuchas,  puedes percibir su presencia y escuchar su voz amorosa.

ASÍ ES COMO UN ESCRITOR HÚNGARO EXPLICÓ LA EXISTENCIA DE DIOS.

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JOLABE


jueves, 25 de febrero de 2016

PADRE NUESTRO III - VENGA A NOSOTROS TU REINO

Sigue el estudio de la Oración del Señor -el Padre Nuestro- con esta tercera entrega.

"Venga a nosotros tu reino". Al reflexionar sobre esta petición acerca del Reino de Dios, recordaremos lo que hemos considerado acerca de la expresión «Reino de Dios». Con esta petición reconocemos en primer lugar la primacía de Dios: donde El no está, nada puede ser bueno. Donde no se ve a Dios, el hombre decae y decae también el mundo. En este sentido, el Señor nos dice: «Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura» (Mt 6,33). Con estas palabras se establece un orden de prioridades para el obrar humano, para nuestra actitud en la vida diaria.

En modo alguno se nos promete un mundo utópico en el caso de que seamos devotos y de algún modo deseosos del Reino de Dios. No se nos presenta automáticamente un mundo que funciona como lo propuso la utopía de la sociedad sin clases, en la que todo debía salir bien sólo porque no existía la propiedad privada. Jesús no nos da recetas tan simples, pero establece —como se ha dicho— una prioridad determinante para todo: «Reino de Dios» quiere decir «soberanía de Dios», y eso significa asumir su voluntad como criterio. Esa voluntad crea justicia, lo que implica que reconocemos a Dios su derecho y en él encontramos el criterio para medir el derecho entre los hombres.

lunes, 22 de febrero de 2016

EL CUADRO "JESUS DE LA MISERICORDIA"

EL ENCARGO DE JESÚS A SOR FAUSTINA
Al anochecer mientras estaba en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir, y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la túnica entreabierta en el pecho, salían dos rayos grandes: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena de temor, pero también de gran alegría. Un momento después, Jesús me dijo: Pinta un cuadro según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío.
(…) Prometo que el alma que venere este cuadro no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. (…) Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que este cuadro que pintarás con el pincel, sea bendecido con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia. Deseo que los sacerdotes proclamen la gran misericordia que tengo para las almas pecadoras. Que el pecador no tenga miedo de acercarse a Mí. (DIARIO de Santa Sor Faustina) Plock, Polonia “22 de febrero de 1931.
“Los dos rayos (de la imagen) significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas. Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza (…) Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la mano justa de Dios” (Diario, 299).


La obra encargada a sor Faustina por el Señor Jesús fue imposible de realizar en términos humanos porque no tenía conocimientos básicos de creación artística. Sin embargo, quería cumplir la Voluntad de Dios e intentaba pintar el cuadro sola, pero sin resultados. Los apremios del Señor Jesús y la desconfianza de los confesores y los superiores causaban un gran sufrimiento personal a sor Faustina. Durante su estancia en Plock (unos 3 años) y en Varsovia, siguió pensando en el incumplido deseo del Señor Jesús, que le hizo sentir la gran importancia que tenía en los Planes Divinos, la misión que le había asignado.
De repente vi al Señor que me dijo: “Has de saber que si descuidas la cuestión de pintar este cuadro y de toda la obra de la Misericordia, el día del juicio responderás por un gran número de almas” (Diario, 154).
Después de profesar sus votos perpetuos, la sor Faustina fue trasladada a la casa conventual de Vilna (25 de mayo de 1933). Aquí encontró la ayuda prometida anteriormente: el confesor y director espiritual, el p. Miguel Sopocko que intentó realizar los deseos del Señor Jesús.

PADRE NUESTRO II - SANTIFICADO SEA TU NOMBRE

Continuamos el estudio de la Oración del Señor -el PADRE NUESTRO- con la primera petición  que nos recuerda el segundo mandamiento del Decálogo: «No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso» (Ex 20, 7; cf. Dt 5,11). Pero, ¿qué es el «nombre de Dios»? Cuando hablamos de ello pensamos en la imagen de Moisés viendo en el desierto una zarza que ardía sin consumirse. En un primer momento, llevado por la curiosidad se acerca para ver ese misterioso fenómeno, pero he aquí que una voz le llama desde la zarza y le dice: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob» (Ex 3, 6). Este Dios le manda de vuelta a Egipto con el encargo de sacar de allí al pueblo de Israel y llevarlo a la tierra prometida. Moisés deberá pedir al faraón la liberación de Israel en nombre de Dios.

Pero en el mundo de entonces había muchos dioses; así pues, Moisés pregunta a Dios cuál es su nombre, el nombre con el que este Dios demuestra su mayor autoridad frente a los otros dioses. En este sentido, la idea del nombre de Dios pertenece en principio al mundo politeísta; en él, este Dios ha de tener también un nombre. Pero el Dios que llama a Moisés es realmente Dios.

viernes, 19 de febrero de 2016

PADRE NUESTRO I - QUE ESTAS EN EL CIELO

Comenzamos el estudio de la Oración del Señor - el PADRE NUESTRO - con la invocación «Padre». Reinhold Schneider escribe a este propósito en su explicación del Padrenuestro: «El Padrenuestro comienza con un gran consuelo; podemos decir Padre. En una sola palabra como ésta se contiene toda la historia de la redención. Podemos decir Padre porque el Hijo es nuestro hermano y nos ha revelado al Padre; porque gracias a Cristo hemos vuelto a ser hijos de Dios» (p. 10). Pero el hombre de hoy no percibe inmediatamente el gran consuelo de la palabra «padre», pues muchas veces la experiencia del padre o no se tiene, o se ve oscurecida por las deficiencias de los padres.
Por eso, a partir de Jesús, lo primero que tenemos que aprender es qué significa precisamente la palabra «padre». En la predicación de Jesús el Padre aparece como fuente de todo bien, como la medida del hombre recto («perfecto»): «Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos.» (Mt 5, 44s). El «amor que llega hasta el extremo» (cf. Jn 13, 1), que el Señor ha consumado en la cruz orando por sus enemigos, nos muestra la naturaleza del Padre: este amor es Él. Puesto que Jesús lo pone en práctica, El es totalmente «Hijo» y, a partir de este criterio, nos invita a que también nosotros seamos «hijos».
Veamos otro texto más. El Señor recuerda que los padres no dan una piedra a sus hijos que piden pan, y prosigue: «Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden?» (Mt 7, 11). Lucas especifica las «cosas
buenas» que da el Padre cuando dice: «... ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a
quienes se lo piden?» (Lc 11, 13). Esto quiere decir: el don de Dios es Dios mismo. La «cosa buena» que nos da es Él mismo. En este punto resulta sorprendentemente claro que lo verdaderamente importante en la oración no es esto o aquello, sino que Dios se nos quiere dar. Este es el don de todos los dones, lo «único necesario» (cf. Lc 10,42). La oración es un camino para purificar poco a poco nuestros deseos, corregirlos e ir sabiendo lo que necesitamos de verdad: a Dios y a su Espíritu.